¡Es tan fácil juzgar! Hacemos eso volviéndonos en re-etiquetadores… «No soy una chismosa, solo estoy compartiendo una preocupación», «No soy critico, solo quiero dar ideas de cómo mejorar». Usamos terminología diferente y disculpamos nuestros pecados re-etiquetándolos con nombres elegantes.

“Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” Santiago 4:12

Existe en nosotros una habilidad innata natural de chismear y juzgar a otros. Es una actitud de orgullo de reprimir a otras personas para elevarme a mí mismo. Jesús lo condenó más que casi cualquier otro pecado y Santiago nos indica porque no es correcto esto.

Es una actividad del Diablo: La actividad número uno del diablo es dar vueltas a las personas, calumniarlas y humillarlas. Somos más como el diablo cuando juzgamos y hablamos en contra de otra persona. Esa es la descripción de trabajo del diablo. Juan 8:44 dice «El diablo es el padre de la mentira» y al hacerlo nos parecemos más a él.

No es Amoroso: No debemos juzgar a los demás porque no es un acto de amor. A veces decimos: «Son solo palabras y la gente las olvidará». La gente no olvida las palabras. Siempre las recuerda. Cuando te juzgo, estoy infringiendo la Ley Real, la ley del amor «Ama a tu prójimo como a ti mismo».

Es Injustificado: Solo Dios tiene el derecho de juzgar. No está en tu descripción de trabajo juzgar a las personas. Una de las mayores debilidades de las personas es que tendemos a generalizar a las personas por un solo error. Si una persona comete un error tonto, decimos: «Que tonta es esa persona». Tal vez simplemente cometió un error tonto en un área en particular, pero esto no le hace completamente tonta.

Tendemos a juzgar en otras personas las cosas que no nos gustan en nosotros mismos. Lo que vemos es generalmente un espejo de nosotros mismo. Romanos 2:3 dice ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?

CONCEPTO IMPORTANTE

Supongamos que una persona tiene una deuda de dos mil dólares y usted solo tiene una deuda de mil dólares. Solo porque alguien está más endeudado que usted ¿reduce esto su deuda? No. Pero creemos que eso es cierto.

La Biblia dice que tendemos a juzgar a los demás primero para disculpar nuestros propios errores y esto nos hace sentir bien, nos agranda el ego. Por ello tenemos que llamar las cosas por lo que son. Re-etiquetar el pecado para darle un lindo nombre no es la solución.

Jesus nos hizo recuerdo en Mateo 7:1-2 de “no juzgar a los demás, y no seremos juzgados. Pues seremos tratados de la misma forma en que tratamos a los demás. El criterio que usamos para juzgar a otros es el mismo criterio con el que seremos juzgados nosotros”.

MOTIVO DE ORACION Señor Jesus hoy vengo delante de ti reconociendo que he estado juzgando a otros y chismeando por ahí. Perdóname por favor por esta mala y pecaminosa actitud. Llena mi corazón y mi mente con palabras de amor y edificación para con mi prójimo.

Deja un comentario
LOS RE-ETIQUETADORES

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *